Los “Robos por Encargo”

por Hugo R. Ludeña

Los “Robos por Encargo”  no son una exclusividad del Perú, sino una modalidad de Depredación del Patrimonio Cultural creada por los traficantes de obras de arte, con la finalidad de proveer de piezas arqueológicas excepcionales, procedentes de museos y colecciones de calidad,  a coleccionistas y museos privados. Si antiguamente muchas  piezas arqueológicas existían en las colecciones y museos procedían de excavaciones clandestinas, desde hace unos cincuenta años los traficantes prefieren aquellas que ya han sido conservadas y restauradas adecuadamente por personal especializado.
 
No importa si están fotografiadas, publicadas en catálogos y libros o que formen parte de las colecciones permanentes de los museos. Para los depredadores, es fácil contar con la complicidad del  personal interno para que los registros sean borrados, o para que las piezas sean  sustituidas por otras de menor calidad. Pero también les es conveniente que el personal generalmente sea contratado, con bajos salarios y cambiado de lugar periódicamente, porque así, nadie entra bajo verificación de inventario, y cuando el nuevo personal descubre que falta alguna pieza, puede comenzar la  cadena de complicidades. Si se denuncia la falta de algún objeto, el denunciante es acusado  de la pérdida por los mismos responsables. Entonces, es mejor guardar silencio y no complicarse la vida. Para que estar bajo la observación de la policía y de los jueces.
 
Por otro lado, los empleados de los museos, a pesar de estar a cargo de los tesoros nacionales reciben un sueldo ínfimo, y son vulnerables ante las tentaciones económicas de los traficantes. Total, si por no ver, no oír ni hablar, se puede tener un buen retiro, pues que se sigan perdiendo las  cosas de  los museos. Después de todo, con el tiempo el olvido es un buen aliado.
 
Siempre hay algunas autoridades que consideran que las piezas arqueológicas excepcionales están mejor en manos privadas que en los museos del Estado. Otros creen que cuando alguien se roba alguna pieza de los museos se ha producido una especie de restitución o de compensación, por la cual, algún pobre empleado,  recibirá algo por lo que de alguna manera hicieron sus antepasados.
 
A continuación nos referiremos a los robos en museos de las piezas preferidas de los traficantes: Los mantos  de Paracas, a propósito de los mantos robados el 15 de octubre de 2004, de los cuales hasta ahora no se tiene ninguna noticia
 
Al respecto, este autor difundió por Internet varias notas sin ningún resultado. En esta oportunidad se volverán a reiterar esperando que las autoridades de turno digan algo al respecto.
 
El 16 de octubre de 2004 se difundió el siguiente artículo al conocerse que varios importantes y valiosos  mantos del Museo Regional de Ica habían sido robados.  Han pasado más de ocho años y no hay noticias al respecto. Debería exigirse una explicación.

                                     


LOS ROBOS POR ENCARGO: LOS MANTOS DE PARACAS DEL MUSEO REGIONAL DE ICA 

por: Dr. Hugo R. Ludeña
 

El 15 de octubre de 2004, el Sub-Director de Registro de Colecciones del Instituto Nacional de Cultura, señor Carlos del Águila, anunció al público  que la noche anterior fueron robados tres mantos prehispánicos del Museo Regional de Ica, mediante un asalto  en el cual los perros guardianes fueron envenenados y el vigilante fue golpeado, atado y amordazado. Dos de los mantos eran de la cultura Paracas y uno de la cultura Wari, los mismos que fueron restaurados recientemente con la cooperación de una entidad privada. Las cámaras de seguridad y alarmas instaladas 10 días antes, fueron desactivadas, cortaron los vidrios y los mantos fueron retirados sin dejar huellas. Las piezas estaban valorizadas en 3 millones de dólares y fueron trasladadas del Museo Nacional de Arqueología y Antropología en 1973. Los ladrones no se llevaron nada más.
 

No es la primera vez que sucede en un museo peruano uno de estos clásicos “Robos por Encargo”. En la década de 1970 una arqueóloga norteamericana que varios años antes había hecho su tesis en el Museo Nacional  sobre  los tejidos de Paracas y que  fotografió las piezas textiles de la Rotonda  dedicada a la Cultura Paracas, fue informada que  dos museos de Texas y uno de Australia habían comprado recientemente en una conocida casa de remates de Nueva York varios mantos de Paracas y que dos de ellos ya estaban en exhibición.
 
La arqueóloga pensó que serían piezas no conocidas y pidió fotos, y al compararlas con las que ella había publicado en su tesis pudo observar que eran idénticas a las que estudió en el Perú. Poco después comprobó que los nuevos  mantos de Paracas del Museo de Dallas y de Houston eran los mismos, y que la pieza adquirida por el Museo de Canberra también era del museo peruano y que sus fichas y número de registro las tenía el  Museo Nacional de Lima.
 
Los directivos del museo de Pueblo Libre  fueron informados y nadie sabía que las piezas ya estaban en el extranjero. Cuando las buscaron en el depósito textil se dieron con la sorpresa de que con el  mismo número de registro figuraban unos trapos inservibles con los que se habían reemplazado los valiosos mantos robados. Durante el gobierno del Presidente Fernando Belaúnde el INC realizó la gestión para su recuperación a través de la Dirección de Asuntos Culturales de la Cancillería y no se sabe cuál fue el resultado final y si las piezas fueron devueltas al país.
 
Solo el manto que estaba en el Museo de Canberra, Australia, fue devuelto al Perú después de varios años, porque ya era público que se trataba de un manto robado y el nuevo museo de Australia no quiso comprometerse en un acto ilícito. Lo único claro que se pudo saber fue que desde 1975 el Museo de Pueblo Libre  organizó un laboratorio de conservación de textiles con la ayuda de un banco privado, precisamente para la conservación de los mantos de Paracas, y los antiguos empleados del museo sostenían que las piezas fueron robadas después de 1973 y no antes porque anteriormente estuvieron en la sala de exhibición.
 
Nunca se supo quienes los robaron, en cuánto se vendieron en el Perú, cómo salieron del país piezas tan delicadas y de gran tamaño ni en cuanto fueron vendidas en los Estados Unidos. De lo que no cabe duda es que  los ladrones, comerciantes y contrabandistas hicieron un buen negocio en el que todos ganaron muy bien.
 
También durante el gobierno del presidente Belaúnde entre 1980 y 1985 se produjeron numerosos casos de exportación ilegal de piezas arqueológicas y de cuadros coloniales y quizá el más notorio fue el llamado “Caso Bernstein” en el cual un comerciante norteamericano exportó de contrabando por el aeropuerto internacional varias maletas con cientos de tejidos incaicos, de la cultura Wari y objetos de cerámica y oro de alta calidad.   Las maletas fueron revisadas por el personal de la aduana en el aeropuerto Dulles en Washington y encontraron un lote de piezas arqueológicas, con fuerte olor a muerto.
 
El portador declaró que se trataba de piezas de artesanía moderna por un valor no mayor de $300 dólares. El personal de aduanas, sabía que se trataba de un traficante y pidió un peritaje a la Smithsonian Institution. El Dr. Clifford Evans fue al aeropuerto, y muy indignado declaró que se trataba de valiosas piezas arqueológicas autenticas de culturas peruanas, importadas a los Estados Unidos ilegalmente. Esa misma tarde falleció el Dr. Evans, lamentablemente. La aduana norteamericana comprobó que se trataba de piezas de un valor  mayor a los $500,000 dólares y procedió al decomiso y devolución al Perú.
 
Con la finalidad de disminuir su sanción, el traficante ofreció colaborar con las autoridades y entregó sus libretas, agendas copias de cheques de compra, con los nombres y direcciones de sus proveedores en el Perú, descubriéndose  una tremenda banda de traficantes de  piezas arqueológicas y obras de arte que contaba con la participación  de numerosas personalidades y conocidos comerciantes de arte.
 
Los trámites de los comerciantes para recuperar las piezas tanto en los Estados Unidos como en el Perú fracasaron a pesar de los esfuerzos de sus abogados y actualmente esas piezas arqueológicas recuperadas se conservan en el museo del Banco Central de Reserva, porque el gobierno consideró que el Museo Nacional de Antropología era un museo inseguro, como efectivamente, poco después se pudo comprobar una vez más. Por eso se había re-actualizado el Viejo Proyecto del Nuevo Museo Nacional de Antropología y Arqueología, que se planeaba construir en el Fundo Pando, pero  que se frustró.
 
 
Las represalias de los traficantes no se hicieron esperar y poco tiempo después se produjo el “Robo por Encargo” más notable e inverosímil del Perú, como fue  el robo del gran  “Tumi de Oro  o Cuchillo de Illimo”  y 220 piezas de oro y plata de la sala de oro del Museo Nacional de Arqueología y Antropología. Anteriormente se conocía de algunos robos sensacionales en museos, como el caso del robo del Museo de Arte, cuando varios ladrones con entrenamiento militar consiguieron llegar desde un poste y un árbol, hasta el  segundo piso de una sala que daba al Parque de la Exposición y pudieron alzarse con varias piezas prehispánicas de oro.
 
Pero el robo del Tumi de Oro era uno de esos “Robos Imposibles”,  porque las piezas estaban en exhibición en una bóveda subterránea que contaba con todas las medidas de seguridad: puerta de acero bancaria, clave y reja exterior. Nadie pudo explicarse como lo hicieron, porque muy pocos sabían que debajo de una alfombra  en la antesala de la Dirección del Museo había una rejilla y un estrecho conducto de ventilación que llegaba directamente a la bóveda. 
 
Los ladrones sabían que esa misma noche el director del museo tenía que viajar a Bahía, Brasil, y cuando estaba por dirigirse al aeropuerto en la madrugada, fue informado de urgencia que el museo había sido robado, de manera que, tuvo que cambiar de rumbo  y suspender su viaje. Al llegar al museo muy temprano, se encontró con la policía, los periodistas y con la noticia de que la alarma no había sonado a tiempo, y que la policía llegó muy tarde, a pesar de que la comisaría de Pueblo Libre estaba a 40 metros del museo.
 
Por primera vez se pudo ver que por disposición del Presidente de la República,  todos los cuerpos de investigaciones  de la Guardia Civil, Guardia Republicana, Policía de Investigaciones, servicios de inteligencia, etc. Hicieron una verdadera cacería, entre los comerciantes, coleccionistas, aeropuertos, aduanas y fronteras, pero sin ningún éxito. Después se conoció que muchas de las piezas robadas fueron ofrecidas en venta a los conocidos comerciantes de piezas de arte en Lima y solo algunos fragmentos del Tumi de Oro fueron recuperados incidentalmente.
 
Lo más extraño fue  que en lugar de que se dicten medidas legales que permitieran incrementar la seguridad y el personal de los museos y monumentos arqueológicos empezó una campaña para desprestigiarlos con el argumento de que el Estado  era un mal administrador, y que la mejor garantía para la investigación,  conservación, puesta en valor, defensa y administración del Patrimonio Cultural era la actividad privada. Algunos coleccionistas se jactaban de que nadie se atrevería a robar en sus colecciones, porque ellos sí sabían cuidar su patrimonio, por las buenas o por las malas.
 
Como el gobierno del Presidente Belaúnde a fines de 1984 ya estaba en pleno proceso pre-electoral, en la Cámara de Senadores se aprobó la llamada Ley de Amparo del Patrimonio Cultural 24047, la misma que fue también aprobada en  la Cámara de Diputados el último día del año y promulgada  el 3 de enero de 1985. Lo demás ya es historia conocida.
 
El gobierno del presidente Alan García tampoco se salvó del saqueo arqueológico intensivo y de los robos en las iglesias,  y según las declaraciones periodísticas del primer Director General del INC durante su gobierno, el Dr. Fernando Silva Santisteban, en los primeros cuatro meses de su gestión se habían producido más robos y exportaciones ilícitas que en los últimos cuatro años, y la ley 24047 era inútil para frenar la depredación cultural.
 
El saqueo llegó a su máxima expresión, cuando a fines de 1986 y principios de 1987 el mercado internacional del arte empezó a recibir las piezas de las tumbas saqueadas de Sipán. La fiebre del oro en la costa del norte permitió la importación de varios millones de dólares para la compra de las piezas de oro de Sipán, y la exportación clandestina de las mismas por el aeropuerto internacional Lima-Callao y por tierra hacia Bolivia con rumbo a Londres, Frankfurt, Canadá, California y finalmente  hacia el mercado de Nueva York.
 
La reunión anual del Instituto de Estudios Andinos de ese año en la Universidad de California en  Berkeley fue dedicada a los tesoros de Sipán, donde Christopher Donnan ofreció una fabulosa conferencia ante un auditorio repleto  extasiado por la belleza de los especimenes arqueológicos, donde presentó las diapositivas de las nuevas piezas descubiertas por Walter Alva y también las que ya estaban en venta en el mercado del arte.
 
Lo más raro de esa reunión fue que los más interesados y la mayoría de los asistentes eran coleccionistas y comerciantes de arte prehispánico y los representantes de las grandes casas de remates. Confirmada la autenticidad de las piezas similares que ellos habían comprado, los precios se dispararon y los pedidos no se hicieron esperar.


 En 1989 se realizó una exposición en Osaka, Japón y un fabuloso manto de Paracas del Museo Nacional de Antropología y Arqueología  fue seleccionado para ser exhibido. Los organizadores ofrecieron al museo una fuerte suma de dinero para su restauración y preparación para la exhibición y durante varios meses el manto fue debidamente restaurado.
 
Concluida la exhibición el Manto retorno al país, con más de un ciento de piezas arqueológicas que formaron parte de la exposición y fueron devueltos al Museo Nacional  de Lima. Poco tiempo después el personal del laboratorio de conservación de textiles fue subrogado por falta de fondos para renovar sus contratos.  Cuando en 1992 los nuevos empleados del laboratorio de conservación textil fueron a verificar como se encontraba ese manto, se sorprendieron al ver que ya no estaba en su anaquel y que había desaparecido.
 
Nadie daba razón  del inmenso manto, y solo gracias a una firme campaña periodística, el manto apareció después de varios meses en una caja de desagüe del aeropuerto internacional, debido a una misteriosa llamada que recibió el director del museo.
 
¿Que pasó, dónde estuvo tanto tiempo, quien lo tenía, y quien lo devolvió?. Nunca se supo, y solo trascendió que en esos años trabajaban como “voluntarios” en el Museo Nacional de Antropología y Arqueología varias personas vinculadas a varios coleccionistas y comerciantes de obras de arte, y que sus amigos entraban y salían del museo como si fuera su casa.
 
Otros comentarios referían que el manto había salido nuevamente al Japón clandestinamente, bajo los auspicios de un misterioso grupo denominado “Binomio” durante el gobierno del presidente Fujimori, y que era exhibido secretamente en el ritual de un círculo de esotéricos que veían en el manto de Paracas una serie de personajes mágicos y propiciatorios. Después de más de 10 años, sería interesante saber lo que realmente sucedió.
 
En cuanto al reciente robo de piezas arqueológicas del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, esta vez en custodia en el Museo Regional de Ica, parecería que se trata de un nuevo desafío para el INC, un mensaje de las mismas personas que lucran con el Patrimonio Nacional o de nuevos grupos, y otra vez, nos enteraremos que las piezas no estaban “Expresamente Declaradas del Patrimonio Cultural de la Nación”, o que no había el personal de seguridad suficiente para velar por los tesoros nacionales.
 
Habría que preguntarse cuál es el significado de estos robos del Patrimonio Arqueológico Nacional. ¿Que nos quieren decir sus autores y las autoridades y personas responsables quienes no se inmutan ante tan lamentables noticias? Nadie renuncia ni se da por aludido y tampoco hay sanciones. Quizá habría que recordar que no se  están perdiendo objetos ni cosas sin significado.
 

Nos están robando parte de nuestra identidad, nuestra cultura material más antigua, a la cual tenemos derecho. Las protestas e indignación que provoca esta forma de depredación se explican porque  para los peruanos  los bienes arqueológicos  son tan significativos que permiten la cohesión social de los diversos sectores de nuestra población a pesar de las diferencias económicas, políticas y sociales de los individuos. 
 
Quienes roban o encargan robar estos bienes culturales para poseerlos egoístamente, no solo piensan en el lucro, sino que tampoco creen que los pueblos tienen derecho a su patrimonio cultural y a su pasado. Parecería que para ellos es mejor un pueblo sin memoria, sin pasado, sin orgullo, siempre sometido.  No creen que tenemos que ser capaces de vivir en un clima de confianza, de entendimiento y de paz, sino en tensiones y en permanente zozobra. Tampoco creen en el diálogo  ni en la cooperación sino en el desafío y el enfrentamiento. 
 
Mientras que la mayoría de los peruanos piensan que el Patrimonio Cultural de la Nación es una muestra de la originalidad característica de las culturas andinas  que debería ser protegido y defendido en beneficio de las generaciones presentes y futuras, hay quienes consideran que solo hay que proteger y defender la propiedad privada del Patrimonio Cultural, sin tener en cuenta que se trata de políticas nefastas que no favorecen  a la mayoría de los peruanos sino a pequeños grupos de una minoría que se considera con derecho a ser la propietaria del Patrimonio Cultural de la Nación.
 
De donde nace ese supuesto derecho? Nadie lo sabe, se puede percibir la prepotencia, el hurto, la usurpación, la picardía criolla. Quienes se apropian del Patrimonio Arqueológico Nacional  no tienen ningún respeto por los derechos de los peruanos. No creen que los bienes culturales sean parte de nuestra de Identidad, de valores positivos y que no pueden ser considerados como mercancías o bienes de consumo que pueden ser privatizados como un grifo o cualquier empresa estatal.
 
Quizá lo que hace falta en el Perú es la elaboración de conceptos, objetivos y políticas a favor del Patrimonio Cultural Nacional y a favor del público, que recojan con mayor seriedad las Recomendaciones y Convenciones Internacionales de las cuales somos firmantes. La nueva ley General del Patrimonio Cultural de la Nación N° 28296 no expresa ni por asomo el sentido de las Convenciones Culturales de la UNESCO ni de la OEA ni abre la posibilidad  para que se puedan cumplir.
 
Es cierto que el marco de la ley 28296 concuerda con  la Constitución de 1992, la cual fue expresamente preparada para los objetivos y fines del gobierno corrupto anterior, y que  ni el actual gobierno, ni los congresistas, se atreven a modificar la Constitución convocando a una Asamblea Constituyente. Mientras tanto, al no existir la voluntad política por parte de gobernantes ni legisladores de contar con una Constitución más digna, acorde con las Convenciones y compromisos internacionales y a los intereses de la mayoría de los peruanos solo nos quedará esperar a que se reglamente la ley 28296 y que no se nos  continúe ofreciendo noticias como la del reciente robo del Museo Regional de Ica.

FOTOS Y FICHAS TECNICAS DE LAS PIEZAS ARQUEOLOGICAS ROBADAS

DETALLE DEL MANTO ROBADO




1).- MANTO FUNERARIO PARACAS NECRÓPOLIS (largo: 275 cm, ancho: 137 cm.) <http://www-rohan.sdsu.edu/~bharley/images/IcaMuseumTextilesParacasMNAA253.jpg>
Código: MNAA 253 – 5(23626)
Tejido de forma rectangular hecho de fibras de algodón y lana, compuesto por un paño central color marrón dos franjas laterales y 142 flecos rectangulares, presenta decoración bordada con un diseño principal que se repite en todo el manto, es la representación de un ser con rasgos zoomorfos diversos. Fue descubierto por Julio César Tello en Cerro Colorado, Paracas. Pisco y restaurado por la conservadora Sra. Carmen Thays en el 2001 como producto de la colaboración de la empresa privada resaltando particularmente la colaboración del Banco de Crédito del Perú. Era el espécimen 5 del fardo 253.
 

2).- MANTO FUNERARIO PARACAS NECROPOLIS <http://www-rohan.sdsu.edu/~bharley/images/IcaMuseumParacasMNAA01168.jpg> (largo 245 cm, ancho 131 cm)
Código: MNAA 01168 (Sevilla)
Tejido de forma rectangular elaborado con fibras de algodón y lana. compuesto por un paño central y dos bandas laterales alrededor de la cuales presenta flecos de hilos con los colores utilizados en el manto; rojo, negro, amarillo y verde, el diseño principal es un ser zoomorfo (ser oculado) bicéfalo con cuerpo serpentiforme y en cada extremo presenta una cabeza y una cola. Los diseños secundarios son mucho más pequeños, representando felinos y aves. También fue encontrado por Julio C. Tello en Cerro Colorado.
  

3).- UNCU (túnica) WARI (largo 107 cm, ancho 103 cm) <http://www-rohan.sdsu.edu/~bharley/images/IcaMuseumTextilesWariMRIDB47.jpg>
Número: MRI - DB - 47
Tejido elaborado con fibra de lana, compuesto por dos paños largos unidos para formar la tunica por los lados, confeccionado mediante la técnica del tapiz. Los motivos consisten en representaciones estilizadas de mazorcas de maíz, cabezas de aves, felinos y diseños escalonados distribuidos en paneles longitudinales en toda la prenda. Como producto de su restauración por conservadoras norteamericanas entre los años 1996 y 1999 la túnica presenta un forro interior.  
Sistema Nacional de Museos del Estado. Contáctos prensa 4 63 50 70 anexo 221
 
 
EL URGENTE LLAMADO DE LA DIRECTORA DEL MUSEO REGIONAL DE ICA

ARTICULO PUBLICADO EL  29 DE NOVIEMBRE DE 2004


En un correo electrónico fechado el 27 de  noviembre, la Directora del Museo Regional de Ica ha hecho un llamado a las instituciones internacionales, nacionales, colegas y amigos a unirse a la tarea de no permitir que se continúe mutilando nuestro patrimonio arqueológico,  como sucedió el 14 de octubre del presente año, cuando el museo a su cargo fue asaltado en la madrugada, por avezados delincuentes que se robaron dos inmensos mantos de la Cultura Paracas y un uncu de la cultura Wari valorizados en tres millones de dólares.
 
Los mantos estaban debidamente restaurados con mucho trabajo y a costo del Estado y de entidades privadas  y 10 días antes se había instalado un moderno sistema de vigilancia electrónica y monitoreo visual para vigilar desde una sala de seguridad las piezas en exhibición del museo. La noche del robo las alarmas no funcionaron y el sistema de monitoreo no registró los rostros de los autores del latrocinio porque fueron desactivadas, los perros guardianes fueron envenenados y el empleado de guardia fue golpeado y amordazado. Está claro que se trataba de delincuentes peligrosos y bien preparados para un robo muy especial y que no se trataba de los humildes huaqueros que subrepticiamente excavan en los arenales, o de pequeños comerciantes de antigüedades ni de aficionados.
 
El perfil de los que robaron el Museo Regional de Ica es diferente, y todo indica que se trata de delincuentes de guante blanco, y que sus clientes son los comerciantes y coleccionistas aficionados “al hobby elegante”, nacional o extranjero. Se trata de individuos que frecuentan los museos, las conferencias y exposiciones confundiéndose fácilmente en las reuniones a las que asisten  los académicos, diplomáticos, políticos, profesionales,  aficionados al arte y pasan como “gente decente”.
 
Se trata de dos grupos bien diferenciados: los autores intelectuales y los autores materiales. Los primeros, no participan directamente en los robos. Ellos organizan y dirigen lo que llaman “El Gran Proyecto”,  y se jactan de tener amigos  en los más altos niveles políticos, diplomáticos, policiales, militares y sociales, y conexiones en el país y en el extranjero. Hubo uno que alguna vez alardeaba públicamente que en su proyecto estaban, asesorándolo profesionalmente, un ex director del INC y el ex director de un museo.
 
Muy rara vez los autores intelectuales participan directamente, porque tienen gente que ya ha participado en otros robos, y excepcionalmente ellos están presentes, por considerar que son más útiles dirigiendo y apoyando desde afuera. Son los que han estudiado el terreno y conocen quien es el director y sus movimientos, los especialistas, los empleados, guardianes  y las medidas de seguridad del local. Los que ingresan a robar a los locales  parecen tener alguna preparación de tipo comando, porque actúan con precisión, exactitud y riesgo en momentos y tiempos bien calculados, armados y bien comunicados con el exterior. De manera que, como ha sucedido con el robo del Museo Regional de Ica,  después de mes y medio, o las piezas están bien escondidas, o ya salieron al extranjero donde, curiosamente, será más fácil rastrearlas.
 
Pero los robos en los museos, iglesias, conventos y colecciones privadas tienen otra característica. Actualmente los ladrones se han vuelto más selectivos y  prefieren las mejores piezas y que estén debidamente restauradas y conservadas. No importa que sean piezas conocidas, registradas, fotografiadas y publicadas. Los ladrones han calculado que los directores de los museos y las autoridades no están en los cargos más de cinco o seis años, que es el  tiempo de duración de un gobierno, y que el nuevo gobierno cambiara a todas las autoridades, ubicando en el INC directores fusibles, de ser posible, de poca duración como sucedió durante  el gobierno del presidente Fujimori.
 
Está publicado que un comerciante norteamericano de antigüedades en Lima afirmaba que el director de un museo estatal no resistió a la tentación de ofrecerle en venta importantes piezas arqueológicas de cerámica, y su coartada sería jurar que las piezas faltantes se habían destruido durante el último terremoto. Pero también los depredadores saben que generalmente, los directores de los museos no son relevados por su sucesor entregando el cargo bajo inventario como lo indican las normas vigentes.
 
Cuando se producen los cambios, los nuevos directores nombrados están ansiosos por recibir el cargo, y los que salen están desesperados por irse lo antes posible. De manera que la sucesión generalmente se realiza mediante un acta simple que dice “Recibí Conforme” y solo después de algún tiempo  se toma conocimiento de las piezas faltantes, y para que no haya problemas, nadie dice nada, hasta que el próximo director asume el cargo de la misma manera.
 
Pero también los depredadores saben que los empleados de los museos reciben sueldos que no les permiten vivir con dignidad, que apenas les alcanza para subsistir y tienen que trabajar en otro lugar para balancear su presupuesto, en la docencia, guiando grupos turísticos, etc. Y los empleados de los museos saben que los directores de la sede central del INC y otros Directores y asesores no solo reciben un sueldo respetable, sino que, además, reciben otra remuneración del PNUD y que las Direcciones astutamente han cambiado sus denominaciones por los de Gerencias, de manera, que pueden recibir remuneraciones fuera de la escala común   en la cual existen jerarquías, donde el personal contratado, por ocupar cargos “de confianza”   gana mucho más que el que el personal profesional  permanente y más antiguo que ocupa los “cargos de carrera”.
 
En esta absurda vorágine administrativa, el personal encargado del Patrimonio Cultural está más preocupado en subsistir y cuidarse  de los demás, que el  defender el Patrimonio Cultural a su cargo, de lo cual se aprovechan los depredadores para medrar con éxito y llevarse lo que quieren, sin mayores consecuencias.
 
Con razón, la Directora del Museo Regional de Ica, manifiesta su preocupación, porque se mantenga el interés  por la recuperación de los tejidos del museo a su cargo. Ella sabe que la responsabilidad administrativa de lo que suceda en el museo es suya y que no sería raro que ya este en marcha un Proceso Administrativo iniciado por la Ofician de Control Interno del INC para la determinación de responsabilidades por la perdida de tan importante Patrimonio Cultural de la Nación.
 
Es evidente que la directora no tiene la culpa de que  hayan robado el museo durante su gestión y de haber sido víctima de las bandas de traficantes del patrimonio cultural, pero así es la burocracia kafkiana y cuando esas cosas suceden, no solo le amargan la vida al arqueólogo, sino que se tendrán que pasar muchas horas, y hasta días, haciendo las aclaraciones del caso durante las investigaciones policiales, judiciales y administrativas.
 
Algo semejante sucedió cuando en 1992 una arqueóloga denunció la desaparición de un manto de Paracas del Museo Nacional de Antropología y Arqueología que dos años antes se había exhibido en Osaka. Malévolamente, los autores de ese latrocinio se las arreglaron para que se responsabilizara a la denunciante, para que no se metiera a denunciar otra vez.  Inclusive, se las ingeniaron para afirmar a través de los diarios que estaba vinculada a una familia de coleccionistas de piezas arqueológicas, a sabiendas que no tenía ningún vínculo de parentesco con coleccionistas, y tuvo que pasar los malos ratos de tener que acudir a las citaciones policiales y judiciales.
 
Felizmente, las denuncias periodísticas y las protestas  públicas obligaron a los depredadores a devolver el manto de Paracas robado, comunicándole anónimamente al director del Museo que el manto estaba oculto en un buzón de desagües del Aeropuerto Internacional.
 
En el caso del robo del Museo Regional de Ica, la Directora reclama porque los medios no difundieron debidamente los hechos ni publicaron las fotografías para que las piezas puedan ser ubicadas y más bien,  le  han dado más importancia a noticias intrascendentes.
 
Quizá esta es una buena ocasión para que la Directora del Museo Regional de Ica, se de cuenta que el Robo que ha sufrido el museo a su cargo, no es solo una cuestión interna como se está tratando hasta ahora con el mayor secreto y reserva en el INC. En realidad esa discreción no favorece a la identificación y recuperación de las piezas robadas. Todo lo contrario, favorece a los depredadores y les da tiempo para encontrar un comprador incauto, o para sacarlas del país.
 
Convendría que las autoridades culturales, la policía, la aduana y la misma directora informen al público cuál fue la empresa encargada de los sistemas de seguridad burlada por los ladrones; cual fue la compañía de seguros y el monto de las pólizas de esas piezas y si estaban vigentes, para que el Estado pueda de alguna manera  hacerles el reclamo pecuniario correspondiente;  y también se debería dar a conocer cuantos guardianes tiene realmente ese museo, porque trascendió que hay un solo guardián, que obviamente si trabaja en el museo durante el día, tiene que dormir durante la noche.
 
Son precisiones que ayudarán  a que se tomen mejores medidas para que los museos sean mejor servidos y para que se conozca la verdad sobre la situación del museo, donde se conserva lo mejor del Patrimonio Cultural Nacional de Ica, y que debería contar con el personal en la cantidad y preparación que su importancia requiere.
 
El caso del robo de los mantos  de Paracas y del Uncu Wari del Museo Regional de Ica debería ser tratado por las autoridades culturales junto con el de la Bahía de Paracas de donde proceden los mantos y  que inexplicablemente es una zona arqueológica en peligro de destrucción debido a las obras modernas que las afectarán en el futuro.
 
 Como se sabe, Paracas fue precisamente una de las primeras zonas arqueológicas protegidas por el Estado en las décadas de 1950 y 1960 debido a los importantes yacimientos arqueológicos descubiertos por el Dr. Julio C. Tello, y a los yacimientos tempranos descubiertos por el Dr. Frederic Engel. El Museo de Sitio que allí se construyó, tenía el objetivo de proteger las zonas arqueológicas y presentar al público los logros culturales  de los antiguos pobladores de  la bahía.
 
La Reserva Cultural que hizo la Casa de la Cultura del Perú y después el INC fue ampliada cuando la Dirección de Forestal y Fauna  del Ministerio de Agricultura consideró a Paracas como una importante Reserva Natural y la Comisión de Alto Nivel de la Cancillería la inscribió en la Lista Indicativa de la Convención del Patrimonio Mundial, para que sea considerada como un sitio del Patrimonio Natural y Cultural de acuerdo a la Convención de la UNESCO de 1972. 
 
Sin embargo, sorpresivamente, nos hemos enterado que  Paracas habría sido retirada por el gobierno peruano de la Lista Indicativa de la Convención del Patrimonio Mundial. Por que? Con que motivo?  A pedido de quién? Y nadie dijo nada?  Eso hay que averiguarlo, porque tanto trabajo para proteger Paracas de la depredación cultural y natural, parecería que fue inútil y que el área protegida ha sido  anulada de un plumazo, para favorecer a los intereses privados.
 
Bajo el pretexto de la carencia de fondos para el INC el Patrimonio Arqueológico Nacional se encuentra en serio peligro de ser robado o destruido sistemática y progresivamente en dimensión geométrica y algo hay que hacer al respecto. Mientras el patrimonio arqueológico no cuente con una fuente segura de financiación que permita su investigación, conservación, defensa, puesta en valor y exposición siempre existirá el peligro de su destrucción. 
 
Los arqueólogos y amantes de la cultura podrán dar sus opiniones y protestar inútilmente, hasta que los políticos consideren en su agenda, tanto en el Poder Ejecutivo, como en el Legislativo, las rentas necesarias para el patrimonio arqueológico nacional.   Una buena medida establecida anteriormente fue la emisión de la estampilla Pro-Chavín y Pro- Chan Chan cuyos fondos fueron destinados a la Investigación y conservación de esos sitios. Sería muy saludable que los políticos pensaran en preparar una Ley de excepción  para la emisión de una serie de estampillas de correos con temas arqueológicos para que los fondos que generen, sean destinados al desarrollo de la arqueología en el Perú.  Para eso sería necesario que algún político, inteligente y valiente tome la iniciativa de defender el Patrimonio Arqueológico Nacional aunque los pequeños grupos de depredadores se resientan.
 
Adjuntas esta nota se incluyen las fotografías y descripción de las tres piezas textiles robadas del Museo regional de Ica, para que quien conozca su paradero informe a las autoridades competentes.


 
LA ENTREVISTA A LA ARQUEOLOGA NORTEAMERICANA ANN PETERS
Cuatro años después de la difusión de estos artículos, un periodista del diario “El Comercio”  entrevistó a la arqueóloga norteamericana Ann Peters, egresada de la Universidad de Cornell, quien al referirse a esa notas indicó que “El tráfico incentiva el saqueo.”
 
En la entrevista, el reportero  deduce que  Ann Peters  habría sido la arqueóloga norteamericana que habría hecho su tesis sobre las piezas de Paracas robadas del Museo Nacional de Antropología y Arqueología que después aparecieron en los Museos de Dallas, Huston y Canberra en la década de 1970.
 
Pero sucede que en la entrevista, la arqueóloga Ann Peters se refiere a su participación en el Museo con motivo de “un llamado  a la colaboración internacional hecho el año 2001, por el Licenciado Carlos del Águila, entonces sub-director  de Investigaciones del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, con el fin de volver a contextualizar las colecciones provenientes de las excavaciones de Julio C. Tello, en Paracas.”
 
“¿Qué encontró antes de iniciar el proyecto?
 
Había un equipo de investigadores jóvenes en el museo y en la Universidad San Marcos que estaba recuperando datos casi perdidos, porque durante más de cincuenta años no se pudo consultar los archivos de Julio C. Tello. Empecé a reunirme con los arqueólogos del museo, para ver en qué podía colaborar, y presenté un proyecto a la Fundación Dumbarton Oaks, para apoyar el trabajo de archivo y conservación de las colecciones más frágiles. En el 2005 lo aprobaron, y estuve cuatro meses en el museo, entre diciembre del 2005 y marzo del 2006, apoyando proyectos en las áreas de textiles, restos humanos y materiales orgánicos.”
 
Entonces, resulta que la arqueóloga Ann Peters no habría participado en la restauración de los Mantos de Paracas que fueron robados en la década de 1970 ni en los que fueron robados el 15 de octubre de 2004, sino después.
 
Hasta donde se tenía conocimiento, la arqueóloga que denunció que los mantos robados del Museo Nacional de Antropología y Arqueología que después aparecieron en los Museos de Dallas, Huston y Canberra fue la Dra. Jane Dwyer  quien había hecho su tesis sobre las colecciones de Paracas del Museo de Pueblo Libre. ( Dwyer, Jane, 1971. Chronology and Iconography of Late Paracas and Early Nasca Textile Designs. Ph.D. Dissertation, Department of Anthropology, University of California at Berkeley. Ann Arbor: University Microfilms)
 
Que no nos extrañe si los mantos robados del Museo Nacional de Antropología y Arqueología de Lima, que fueron robados  el 15 de octubre de  2004  ya están colgados en algún museo o colección particular en el extranjero. Algo deberían decir las autoridades nacionales al respecto, porque resulta muy injusto que la Directora del Museo Regional de Ica y su personal hayan tenido que padecer acusaciones y cargos, por haber estado entonces en funciones, sin el mayor apoyo de las autoridades que les enviaron unos equipos de monitoreos y alarmas que no funcionaron el día del robo. Los arqueólogos del Museo Regional de Ica cayeron en una burda trampa, y hasta ahora no se sabe qué compañía les vendió las alarmas y monitores ni quien fue el responsable de su compra.