por:  Antonio Hudtwalcker MoránLicenciado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 


Cerro Azul: arqueología, ecología y algo más (Parte II)

PUBLICADO POR ISLASDELPERU

La ecología del litoral de Cerro Azul: al amparo del Centinela y El Fraile

Los cerros Centinela y El Fraile representan los principales hitos geográficos para la zona de Cerro Azul y sirvieron desde antiguo como puntos referenciales en los derroteros coloniales del siglo XVIII.

“(…) La barca cuando fuere a tierra ha de ir por fuera del farallón que llaman El Fraile, y llegar donde está la cruz de más adentro; se ha de dar fondo en 9 brazas teniendo el Fraile al SE. La seña de este puerto es un morro (Centinela) donde bate la mar y tiene encima una fortaleza que blanquea de mar en fuera. (…)” (Hurtado de Mendoza, 1730/1993).

En la página web del municipio distrital de Cerro Azul se encuentra la leyenda que explica el origen del nombre del cerro El Fraile. Cuenta la narración, que a raíz del terremoto de 1678, la población de Cañete inició un éxodo hacia zonas más seguras, pero los misioneros franciscanos que guardaban los tesoros acumulados producto de las donaciones de los fieles a la iglesia católica no se fueron de la villa, ellos enviaban diariamente al puerto de Cerro Azul a un fraile para que desde la cima de un cerro cercano al mar, pueda observar y advertir la llegada de piratas o corsarios con intenciones de apropiarse de dichos tesoros. Un día que el fraile se disponía a colocarse en su atalaya, dio un mal paso y resbaló, precipitándose hacia el mar, donde pereció. Desde entonces a dicha zona se le conoce como punta El Fraile. Al pie de la mencionada punta, se encuentran unas peñas cuyas siluetas vistas desde el mar asemejan a un fraile con el brazo levantado tratando de hacer señas de aviso. Cuando estas peñas se miran desde la orilla de la playa, la impresión es la de una tortuga al pie de una peña grande donde reposa un ave (falcónida o vultúrido) avistando el horizonte.

El mar que baña las playas de Cerro Azul, es el mar frío de la Corriente Peruana (antes llamada Corriente de Humboldt), estas aguas son un medio sumamente favorable para la vida marina, por la gran cantidad de plancton (fitoplancton y zooplancton) que contiene, el cual es la base de la cadena alimenticia de la ecorregión marina del litoral del Perú. La gran cantidad de nutrientes del mar frío peruano permite sostener uno de los más grandes bancos de peces a nivel mundial. Así mismo, las playas de la localidad cuentan con los dos tipos de orillas, las rocosas ubicadas hacia el sur y las arenosas hacia el norte. Las orillas, los farallones y acantilados son zonas donde se puede apreciar gran cantidad de aves marinas y terrestres. Una gran número de aves que frecuentan el mar y el litoral de la ecorregión del mar frío son endémicas de la Corriente Peruana, también dentro de éstas se encuentran las llamadas aves guaneras, cuyo estiércol es un excelente abono ecológico de gran calidad y utilidad como fertilizante agrícola (Brack, 2004).


Al caminar por la extensa playa arenosa, en dirección hacia los cerros mencionados, se aprecian gran cantidad de aves como las gaviotas peruana, dominicana y gris, los ostreros común americano y negro, algunas garzas blancas chicas, entre otras.







El espectáculo es mayor, al caminar por el borde de la cima de los cerros y observar los acantilados y farallones repletos de piqueros peruanos, zarcillos, pelícanos peruanos, cuervos marinos, chuitas y guanayes. Desde estos precipicios se aprecian las bandadas de piqueros alzar vuelo y lanzarse de manera vertiginosa al mar para capturar su alimento. Infaltables en esta zona de nuestro litoral son los gallinazos de cabeza roja, reposando sobre las rocas en la cima del Centinela o alimentándose de lobos marinos muertos varados por el mar en la playa pedregosa al sur de este cerro, a lo largo de la extensa orilla colindante con la gran explanada donde se encuentran los vestigios arqueológicos de las grandes construcciones Guarco descritas anteriormente. En esta orilla pedregosa también tuve la oportunidad de observar algunas garzas blancas chicas y a un grupo de escurridizos zarapitos trinadores, reconocibles a la distancia por su largo y delgado pico curvo. Desde la cima del acantilado de El Fraile pude apreciar en el mar a un grupo de delfines, cuales tritones o sirenas nadando y surcando las aguas del océano, sin reposo, en busca de su diario alimento.





El corto tiempo de mi visita en la localidad sólo me permitió apreciar un poco de la ecorregión marina y específicamente algo de la avifauna marina, dejando de lado la fauna invertebrada (p. e. crustáceos) y los reptiles. Queda pendiente la visita a la ecorregión costera de la localidad, la cual es parte del desierto del Pacífico y que se compone de cuatro ambientes: el desierto propiamente dicho, las lomas costeras, los valles fluviales y los humedales (Brack, ibid.).


La fiesta de San Pedro y San Pablo: el día del Pescador


“(…) En el valle de Cañete, que antiguamente decían el Guarco, había innumerables indios pescadores, (…) y ellos por hacerle fiesta hicieron una pesca solemne de muchos millares de indios que en sus balsas entraron en la mar (…)” (Acosta, ibid.).


Del extracto de Acosta y del texto de Cobo (transcrito párrafos arriba) se infiere que la forma como celebraban sus solemnidades los antiguos pescadores de la sociedad Guarco era realizando pescas rituales en medio de mucho regocijo, las mismas que incluían no sólo la participación de gran cantidad de población en sus balsas, sino del uso de instrumentos musicales.


Es lógico suponer que con la conquista española y la consecuente evangelización, la población aborigen adoptó la devoción a los santos de la Iglesia Católica, pero también mantuvo de manera solapada ciertas formas propias de su antigua ritualidad. Un pálido reflejo de estas grandes solemnidades paganas se vive en nuestros días en las localidades de pescadores, como es el caso de Cerro Azul, durante la fiesta de San Pedro y San Pablo, celebrada todos los 29 de Junio, específicamente al celebrar al primero de ellos, considerado como el Patrono de los pescadores.

En la procesión que se realiza a estos santos en el pueblo, se nota una diferenciación entre las imágenes de ambos, no sólo en la ubicación dentro del séquito sino también en el tamaño y parafernalia. La imagen de San Pedro marcha delante seguida por la de San Pablo, que resulta ser de menor dimensión; asimismo, la imagen de San Pedro se encuentra con mayor ornamentación, colocada en una barca en escala y llevada en un anda más grande y con mayor cantidad de arreglos florales.

Concluida la parte de la celebración netamente religiosa, es decir la procesión, ambas imágenes son llevadas hasta el local gremial de los pescadores en la playa, donde empieza una serie de homenajes, que incluyen discursos de las autoridades locales así como recitales. Luego, la imagen de San Pedro es puesta en una barca de pescador (tamaño real) ornamentada con globos de colores, la misma que es introducida en el mar y paseada en las aguas.

Como parte de la festividad, se realiza una competencia de remo entre equipos de pescadores, que incluye un corto recorrido de las embarcaciones en el mar y finaliza con la llegada de los participantes a la orilla, recibiendo el equipo ganador, la aclamación de todo el pueblo observante.


Durante el homenaje, posterior a la procesión, el pueblo participante congregado en torno a la imagen de los santos, se dedica a tomar cerveza y a comer los potajes locales, entre los que menciono el “seviche” (cebiche), la carapulcra y la sopa seca.


Guardando las diferencias de tiempo y significado, algunos aspectos de estas celebraciones actuales, hacen recordar el pasado andino, particularmente en lo relacionado al ambiente de regocijo representado en la bebida y comida, como también, en la competencia de remo entre los pescadores y el paseo en barca de la imagen de San Pedro en el mar.


Palabras finales


Factores humanos como excavaciones clandestinas antiguas, el avance urbano, el descuido por parte de las autoridades locales hacia su patrimonio cultural y natural (probablemente por falta de presupuesto y creatividad), el escaso interés de la población y sus líderes en el conocimiento de su historia cultural y el poco cuidado del medio ambiente, la poca presencia del Instituto Nacional de Cultura, así como factores naturales como el paso del tiempo, el intemperismo, el viento salino y los propios factores intrínsecos estructurales de los vestigios, entre otros, son las principales amenazas que enfrenta el patrimonio cultural y natural de Cerro Azul.


Muchas de las aves marinas observadas durante la visita en los cerros y farallones del puerto son especies que se encuentran en riesgo de acuerdo a la lista elaborada por el Instituto Nacional de Recursos Naturales-INRENA (hoy Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado-SERNANP), en base a las recomendaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y de los Recursos Naturales-UICN, como el caso de las especies en peligro de extinción (chuita, pelícano peruano, piquero peruano y guanay), las especies vulnerables (zarcillo) y las casi amenazadas (cormorán, gaviota dominicana, ostrero común americano y ostrero negro) (Hudtwalcker, 2009).


Sólo la población organizada con el apoyo de sus líderes en trabajo conjunto con las autoridades locales y regionales, las entidades técnicas estatales y privadas y la empresa privada pueden proteger, conservar, difundir y poner en valor el valioso patrimonio presente en Cerro Azul. Los intelectuales, científicos y gente de buena voluntad que visitan la localidad, pero que no radican en ella, sólo pueden contribuir con ideas y conocimiento en beneficio de la comunidad.


No puedo concluir este artículo sin mencionar la cordialidad y el buen trato brindado por la gente de Cerro Azul durante los días que estuve allí, para ellos mi más sincero homenaje y esta pequeña contribución en la difusión de su valioso patrimonio.


Bibliografía

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POR:

José Antonio Hudtwalcker Morán

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Licenciado de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro ordinario del Instituto Riva Agüero-PUCP. Interés en arqueología marítima y subacuática.



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