Asu mare, Pizarro

Posted on enero 20, 2014 por 

Recordar a la mamá de Francisco Pizarro en cada aniversario de Lima es casi un deporte nacional. Así somos de parricidas. Nos jode reconocer que el extremeño fundó la Ciudad de los Reyes y para nuestras autoridades es políticamente incorrecto citarlo en las ceremonias oficiales.

Pero el Dr. Hugo Ludeña no se hace problemas y viene investigando los restos del fundador de Lima desde que integró el equipo que desenmascaró una farsa histórica: la momia que se exhibió durante varias décadas en la Catedral de Lima era el cadáver de un monje que murió de viejo y que no mostraba heridas ni de picaduras de mosquitos.

Sin duda, se trató de un trabajo pionero en antropología forense (especialidad que hoy en día goza de buena salud en el Perú). Años después realizó un trabajo arqueológico que descubrió los verdaderos restos óseos de Pizarro bajo el altar de la Catedral. Sus huesos estaban guardados en un pequeño ataúd decorado con el símbolo de la Orden de Santiago y su cráneo en una caja decorada con un misterioso símbolo de origen judío.

Con el símbolo de la Orden de Santiago

Como sabemos, los peruanos tenemos de inga y de mandinga, pero parece que también tenemos de cristiano, moro y marrano, nombre con el que se conocía a los judíos convertidos al cristianismo para no terminar achicharrados e iluminando plaza públicas por orden de la Santa Inquisición. Basta saber, por ejemplo, que todos aquellos apellidos que terminan en “ez” (Pérez –hijo de Pedro-, Hernández –hijo de Hernando-, Fernández, Rodríguez, González y una larga lista que engorda las páginas blancas de la guía telefónica nacional) podrían tener un paisano hebreo en sus ancestros.

De mi lado puedo nombrar con orgullo a mis primos hermanos de apellido Caparó, naturales de Cusco, cuyos ancestros marranos se remontan a la fundación española del Ombligo del Mundo.

Pero antes de mostrar el texto que amablemente me proporcionó en Dr. Ludeña (destacado arqueólogo y profesor universitario aquí y en Estados Unidos) es bueno saber que hay mucha injusticia en el trato que le damos al conquistador del Tahuantinsuyo, fundador de la Ciudad de los Reyes (hoy Lima)  e inventor del Perú.

Recuerdo el rollo de recordado un profesor sutepista y antiyanqui: “jamás reconoceré el valor de alguien que fue criador de chanchos”, en alusión a Pizarro. En su ignorancia, ese profesor de Historia del Perú repetía parte de la leyenda negra creada precisamente por los académicos anglosajones (ingleses y sus odiados gringos) sobre el fundador de Lima. Una leyenda negra que se encargó de minimizar, ridiculizar y otros “zar” a toda la cultura ibérica.

Un criador de chanchos en el siglo XVI no era, en primer lugar, ningún misio. Pues tener ganado porcino (fundamental en el menú hispano) de origen familiar significaba algo así como lo que ahora catalogamos como “clasemediero emprendedor”. Y encargar el cuidado de chanchos al niño Pizarro incluía pastorear a decenas de cabezas porcinas por los alrededores de su natal Trujillo de Extremadura, en unas sierras y bosques plagados de lobos, linces y otros depredadores naturales. Encargarle esta chamba a un niño de 7 a 10 años hoy en día sería penado por la ley y sus padres serían dilapidados en las redes sociales. Pero así forjaban el temple del muchacho.

El papá de Francisco Pizarro tampoco fue un tipo del montón. En las guerras de Italia ganó su título de hidalgo y se casó con una vecina de buena familia extremeña y, oh sorpresa, también tuvo su otro canal en un barrio pobre de la ciudad. Tuvo un hijo natural: Hernando, que terminó siendo uno de los chupes de Francisco, el hermano bastardo. Ojo que tener bastardos sigue siendo un deporte nacional aquí y en cualquier parte del mundo. Y en los años de Francisco también, pues el siglo XVI fue conocido como el Siglo de la Bastardía.

Otro detalle rescatable es que Francisco Pizarro fundó Lima a los 60 años recién cumplidos. Una edad en las que muchos de nosotros estaremos soñando con la jubilación y con la esperanza de cobrar los aportes de Fonavi. Pizarro llegó muy joven al Nuevo Continente y fue escalando puestos a golpes de espada. Estuvo, por ejemplo, al lado de Francisco de Orellana en el descubrimiento del Mar del Sur, hoy Océano Pacífico.

Que fue un feroz aventurero y conquistador nadie lo pone en duda. Que yo sepa ningún conquistador del mundo fue un alma de paloma con méritos para santo. Prueba de ellos fueron los incas conquistadores. Casi toda la costa central fue conquistada con la sabia política de la reciprocidad, pero las naciones que poblaban a Cañete, Mala y Collique le pararon el macho a los cusqueños y fueron sencillamente barridos del mapa, en un genocidio que haría sonrojar de envidia a los camboyanos de Pol Pot. Algo similar sucedió con la próspera, rica y creativa nación Chimú. Tras la ardua conquista de Chan Chan, sus autoridades terminaron convertidos en tambores humanos que decoraban Cusco y el resto de la población fue “reubicado” contra su voluntad en otros lejanos rincones del Tahuantinsuyo. Igual consideramos a los incas como grandes conquistadores y civilizadores. Hasta idolatramos al inca Atahualpa, pese a que mandó exterminar a todo el clan cusqueño de su medio hermano Huáscar, incluyendo a las mujeres, que terminaron colgadas del cabello con sus hijos en brazos hasta morir de inanición.

Como dirían, son gajes del oficio de todo conquistador.

Hoy en día nos llenamos el pecho de orgullo cuando participamos en una caminata hacia Machupicchu o en los rudos trayectos en camionetas 4×4. En el siglo XVI los hispanos atravesaron el Atlántico en una barquitos (naos y carabelas) en los que hoy en día no nos subiríamos ni para pasear por el litoral de la Costa Verde; y recorrieron medio continente a pie –muy pocos a caballo- conquistando, guerreando, soportando bichos y heridas sin anestesia, repelentes, vacunas ni aspirinas.

También nos jode en el alma que unos cuantos españoles al mando de Pizarro barrieran a miles de guerreros del ejército imperial incaico al mando del inca Atahualpa. Pero deberíamos saber que victorias de ese tipo eran cosa común para el entonces glorioso ejército español. En el siglo XVI los célebres Tercios españoles eran el equivalente a la actual selección española de fútbol. Eran los campeones del mundo. Mientras Pizarro conquistaba el Tahuantinsuyo, los lanceros, arcabuceros y mosqueteros del tercio hispano arrasaban con los ejércitos holandeses, italianos, franceses y alemanes. Tenían locos de espanto a las tropas turcas de Solimán, y se estaban agarrando a pelotazos (de arcabuz) en los frentes de México, Florida, California, norte de África y hasta Filipinas. En el frente de los Países Bajos hubo una batalla en la que murieron más de 6 mil soldados, mientras que los españoles sólo sufrieron 8 bajas. Así que lo sucedido en Cajamarca no era nada del otro jueves para esos feroces, disciplinados, aventureros y piadosos soldados ibéricos. No debemos olvidar que “dos cosas obligan al hombre a salir de su patria y ser soldado. La primera, por ser inclinado a las armas y ganar honra. La segunda, por ser pobre”. Y nos referimos a las tropas del ejército de un imperio donde no se ocultaba el sol.

Tampoco olvidemos que no es que Pizarro hizo fortuna y se largó del Perú, como muchos políticos y empresarios peruanos del siglo XX y XXI. “Yo me quedo”, habría sido su canto de batalla. Tanto así que hasta armaron guerras independentistas, como la de la su hermano Gonzalo Pizarro. El marqués fue padre de la primera peruana de fama: Francisca Pizarro, mestiza, hija de princesa Huaylas y nieta del inca Huayna Cápac. Su sabrosa historia y su paso por las cortes españolas han merecido dos luminosas biografías. Una de María Rowstworoski y otra de Álvaro Vargas Llosa.

Por último, da pena comprobar que el único monumento a Francisco Pizarro sigue estacionado en los perímetros del Parque de la Muralla por obra y gracia del penúltimo alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio –ojo con sus apellidos español e italiano- quien en un rapto de patrioterismo telúrico digno de Antauro Humala mandó retirar la estatua del fundador de Lima para reemplazarla con una pileta al estilo Miami Beach con MacDonalds al lado.

Como diría Octavio Paz “No podemos reducir la historia al tamaño de nuestros rencores”. Sobre todo, si se trata de rencores impuestos a través de una leyenda negra por los académicos criados en el nuevo imperio anglosajón al norte de río Grande. Pero también quiero citar a mi papá –de estirpe cusqueña, quechuahablante y poco propenso a gustos hispánicos- quien alguna vez reconoció que, nos guste o no, somos descendientes de los dos más grandes imperios del su época: el Tahuantinsuyo y el imperio español. Pocas naciones se pueden jactar de tan rancio abolengo.

Mil disculpas por tanto rollo y aquí paso a transmitir la investigación del Dr. Hugo Ludeña, quien gentilmente ofreció la primicia de su investigación a este humilde blog:

EN  BÚSQUEDA DEL SíMBOLO SECRETO DEL MARQUÉS DON  FRANCISCO PIZARRO

Dr. Hugo Ludeña*

Los restos auténticos del Marqués don Francisco Pizarro, el Fundador de la ciudad de Lima, fueron descubiertos en 1977 debajo del Altar Mayor de la Catedral Metropolitana, en el Nicho Central de la Cripta Principal, donde habían permanecido ocultos desde el Siglo XVI. El lugar donde se encontraron fue un secreto muy bien guardado por sus deudos y capellanes y nadie más  sabía de su existencia, aunque en los archivos existían documentos auténticos que se referían a su asesinato sucedido el 26 de junio de 1541 y a su subrepticio enterramiento detrás de la Primera Iglesia Catedral. También existía el acta de  la exhumación de sus restos  realizada en 1544, a su depósito temporal en la sacristía y a su traslado al lugar de entierro definitivo cuando las obras de la Catedral fueron concluidas. (REVISTA HISTÓRICA: 1937)

Tapa de la caja que contenía el cráneo de Pizarro

Las investigaciones científicas en torno a los restos de Pizarro iniciadas en 1977 por un equipo de científicos peruanos y extranjeros concluyeron en diciembre de 1984, y en  enero de 1985,  sus restos fueron colocados definitivamente en sus Capilla en la Catedral de Lima en una ceremonia oficial a la cual fueron invitados los investigadores que participaron en el “Proyecto Pizarro” y las autoridades diplomáticas, eclesiásticas, civiles, militares y el Obispo de Badajoz..

El 18 de enero de 1985, el Cardenal Juan Landázuri Ricketts, por primera vez echó incienso con un gran pebetero de plata en la Capilla de Pizarro durante las ceremonias conmemorativas por el 450 aniversario de la fundación de Lima. Fue algo que no se había hecho nunca antes, porque desde 1891, y allí había un cuerpo momificado que equivocadamente era atribuido al conquistador. Las investigaciones realizadas entre 1977 y 1984, dándole crédito a la verdad histórica,  acabaron con “el mito de la momia de Pizarro” que duró más de 90 años y que ya se había vuelto una dudosa tradición limeña.

reconstrucción del rostro de Pizarro

Sin embargo, había quedado pendiente  el misterio del símbolo grabado en la tapa del osario de plomo,  como se indica en el Segundo Informe de las Investigaciones sobre los Restos de Pizarro, publicado en la revista “El Boletín de Lima”  decía:

“La Caja C: Es una caja de plomo de forma rectangular, de 22.5 cm. de largo, 24.8 cm. de alto y 19.6 cm. de ancho, la tapa es ligeramente más ancha y tiene en la superficie una inscripción que dice:

“AQVI ESTA LA CABECA DEL SEÑOR

MARQVES  DON FRANCISCO PICARO

QVE DESCVBRIO Y GANO LOS REYNOS DEL PIRV

Y PVSO EN LA REAL CORONA DE CASTILLA”.

“Al centro de la caja quedó un espacio libre donde se dibujó al compás una estrella de 6 puntas dentro de 4 círculos concéntricos. No sabemos si se trata de un detalle decorativo o si tiene algún significado en la simbología de la época. En su interior se encontró un cráneo con mandíbula y la empuñadura de una espada.” (LUDEÑA: 1979)

Después de 35 años, hoy podemos asegurar que el extraño símbolo de Don Francisco Pizarro tiene mucha semejanza con varios antiguos diseños hebreos que aparecen grabados en las sinagogas tempranas de Israel. El símbolo de Pizarro es un exagrama, una figura geométrica trazada con un compás formando una roseta de seis pétalos, denominada “the six petalled rosette”. Este diseño  se encuentra en las antiguas Biblias Hebreas y manuscritos donde  el diseño está hecho con  palabras en hebreo con textos de los Salmos, que confirmarían su origen bíblico.

El mismo símbolo aparece grabado en numerosos osarios judíos de piedra que se conservan en los Museos de Israel y en algunas colecciones de arte hebreo en varios museos extranjeros.

Igualmente, el símbolo de la roseta de seis pétalos se ha encontrado grabado en las piedras de las sinagogas más antiguas de Israel y en Masada, la ciudad fortificada que fue destruida por la hueste romana en la guerra contra los judíos entre los años 66 y 70 D.C. al mismo tiempo que destruyeron y saquearon El Templo de Jerusalén.

Finalmente, sabemos que durante las Investigaciones de Arqueología Bíblica en Israel, el descubrimiento más reciente de ese símbolo, fue hecho durante las excavaciones en las ruinas de una sinagoga en Magdala, un lugar bíblico cerca del Lago Tiberíades, que fue el pueblo nativo  de María Magdalena, donde actualmente se construye un importante y moderno centro de peregrinaje a la Tierra Santa.

Los arqueólogos israelitas sostienen que la llamada “Piedra de Magdala” es un caso extraordinario, de una escultura religiosa que estaría asociada a una sinagoga que habría existido en el año 70 DC.del tiempo del segundo Templo de Jerusaléndestruido por los romanos. De ser cierto, se trataría de un  fausto descubrimiento realizado en 2009 por la arqueóloga israelí  Dina Avshalom- Gorni y la arqueóloga Arfan Najar, ambas de la Autoridad de Antigüedades de Israel. Pero como en todas partes, siempre hay controversias en torno a los descubrimientos arqueológicos, el profesor Todd Bolen, Profesor Asociado de Estudios Bíblicos del Master’s College en Judean Hills, cerca de Jerusalén,afirma que no hay  evidencias suficientes como para considerar que los descubrimientos de Magdala pertenecen a una sinagoga, y menos que sea de la primera parte del Siglo Primero de nuestra era, es decir, contemporánea con el Segundo Templo de Jerusalén, vigente durante la vida de  Jesucristo.

Si se observa bien los diseños labrados en “La Piedra de Magdala”,allí está grabada una Menorá, el más sagrado de los símbolos del pueblo de Israel.

Piedra de Magdala

Pero su asociación con “la roseta de los seis pétalos” que está grabada en la superficie de la piedra de Magdala forma un conjunto que, al margen de que esa extraordinaria escultura sea  o no coetánea con el Segundo Templo de Jerusalén, considero que es de gran importancia, por su semejanza con “El símbolo de Pizarro” que está grabado en su osario de plomo.

Las evidencias que se han descubierto  nos inducen a pensar que cuando en 1492 los Reyes Católicos derrotaron a los “Moros” en la Guerra de Granada e inmediatamente expidieron un Decreto de Expulsión de los Judíos de España, los judíos sefarditas tuvieron que escapar apresuradamente de la Inquisición, para lo cual, unos se bautizaron y se convirtieron al cristianismo. Como “Cristianos Nuevos” o “Conversos” consideraron que podían quedarse legalmente en España y continuar con sus actividades. Pero la mayoría que también eran hijos y descendientes de conversos durante varias generaciones, sabían que siempre serían perseguidos o que no tendrían las mismas oportunidades de los demás cristianos, y decidieron embarcarse con Colón. El mismo Cristóbal Colón se supone que era descendiente de Conversos, pero que ocultó bien su identidad religiosa.

En 1492 Francisco Pizarro tendría unos 14 años, pues había nacido en 1478, era un adolescente y vivía en Trujillo con su madre, Francisca Gonzáles una joven mujer de la familia de “los roperos”  que eran comerciantes de telas y ropa. Pizarro nació en la “Calle de los Tintoreros”. Los oficios manuales eran considerados bajos y viles, y generalmente estaban a cargo de judíos, conversos,  moros y cristianos pobres. El oficio de los hidalgos era la guerra, y los cargos importantes en el Cabildo y servidores de las noblezas locales.

Cuando Pizarro tuvo 17 o 18 años se alistó y participó en las Guerras de Italia contra Francia, para recuperar el reino de Nápoles bajo las órdenes de “El Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdova”. Pizarro regresó después a España donde las persecuciones de los Judíos por la Inquisición  se incrementaron y fue más feroz en todos las ciudades y pueblos de los reinos de España. En esa época los Reyes y las noblezas tenían dos ideales: Uno político que era la unificación de sus reinos, lo cual se había iniciado con el Matrimonio de los Reyes Católicos, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, y a partir de entonces, los demás reinos fueron sometidos bajo su autoridad. El otro ideal era la unificación religiosa, que había comenzado con la conversión forzada de los musulmanes al cristianismo. Pero quedaba por resolver el llamado “Problema Judío” cuya solución estaba a cargo dela Inquisición desde 1478, año en el cual se estableció en todos los reinos de España con mucha energía.

Mientras tanto, Cristóbal Colón había continuado con sus viajes de descubrimiento, conquista y colonización de las islas del Caribe y la exploración de los territorios cercanos. Pero en 1502 Cristóbal Colón fue relevado de la Gobernación de la Isla de Santo Domingo y en su reemplazo fue enviada una gran expedición al mando del Extremeño don Nicolás de Obando, con 18 embarcaciones y más de 2,200 hombres, entre los cuales estaba Francisco Pizarro quien entonces tendría 24 años, y experiencia como hombre de guerra obtenida en Italia. Otros hombres que pasaron a América durante el primer tercio del siglo XVI, habían combatido también en Italia y anteriormente en la Guerra de Granada contra los árabes.

Todos pudieron pasar a América declarando ser “cristianos viejos” y querían tener el título de “Don” con documentos falsos para comprobarlo. La picaresca de la época decía que si los nobles e hidalgos tenían poder, no se debía olvidar  que “Poderoso Caballero, es Don Dinero”.

Y así la Ciudad de Lima fue fundada el 18 de enero de 1535 en una solemne ceremonia que hoy recordamos,  por un famoso grupo de hombres de guerra al mando de Francisco Pizarro y sus hermanos, los cuales pasaron a ser los encomenderos más ricos de su tiempo.

BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVO ARZOBISPAL DE LlMA (Manuscritos de 1606; 1661 revisados en 1977-78)

LUDEÑA, Hugo (1979)  Don Francisco Pizarro: Un Estudio Arqueológico e Histórico. El Boletín de Lima N° 3, Lima, Perú Noviembre. Separata 1980.

REVISTA HISTÓRICA (1937)  Acta de la exhumación del cadáver de Don Francisco Pizarro. Revista Histórica, Tomo IX, entrega III.

MAPLES, William 1994) Dead Men do Tale Tales. The strange and fascinating cases of a Forensic Anthropologist.NY, NY, 292 p.

PORRAS, Raúl (1978) Pizarro. Con Prólogo de Luis Alberto Sánchez, Lima, 686p. con fotos de Félix Nakamura.

VARON,Rafael (1996 )La ilusión del poder: Apogeo y decadencia de los Pizarro en la conquista del Peru, 450 p

 

*Dr. Hugo Ludeña

Arqueólogo, Doctorado por la UNMSM en 1975.

Becario de la Comisión Fullbright de Intercambio Educativo

Courtesy Faculty Member.University of Florida, Gainesville.

Actualmente, docente de Arqueología en la

Universidad Nacional Federico Villarreal. (UNFV)

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